Al principio


 Todo empezó por el principio y al principio era todo. La brisa, la risa, las horas, las olas; todo, cada una de las pequeñas puntadas de un dios sin nombre dieron forma a los comienzos: al de uno y al de otro, al de aquellos y al de estos, porque por algo había que empezar. Luego llegaron las lluvias y miles de brotes levantaron la tierra y ascendieron casi, casi hasta el mismo cielo. Todo, absolutamente todo, no había hecho más que comenzar. Después surgieron los que no nacían de las aguas ni de la misma tierra. Se dijo de ellos que eran restos de estrellas. A partir de ese momento el final acababa de empezar.

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