Es Navidad y los árboles morirán, extirpados de su tierra, por la mano avara y cautiva del hombre; y serán felices los hombres, no los árboles, al falso abrigo de cepellones muertos. Después, cuando todo acabe y llegue la rutina de los días eternos, lloverán agujitas en zaguanes y se amontonarán los fallecidos sin savia ni clorofila en basureros y terrazas. Es Navidad y muchas tiendas abrirán, abarrotadas de artefactos inútiles, abalorios, cacharros de toda índole, creados bajo el solo propósito de adornar los días señalados. Luego, cuando todo termine, serán basura, o irán a sumarse a los incontables cachivaches que alumbraron nuestros escuetos días de navidades pasadas, en el desván de las cosas olvidadas. Es Navidad y multiplicaremos las viandas, exageraremos los platos, las cantidades, los comensales, las jarras, las botellas y las copas, de la misma forma que engrandeceremos nuestras (¿falsas?) sonrisas, alegrías, fingimientos y mentiras. Se trata de participar e...
Me encanta, muy evocador.
ResponderEliminarMe encanta, muy evocador
ResponderEliminarMe encanta, muy evocador.
ResponderEliminarMuchas gracias María. Me alegro que te guste.
ResponderEliminarCuando llega, llega.
ResponderEliminarNo suele tener compasión de los humanos; sólo a los gatos, dicen, que les da "7".
¡Gracias Marina!