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Vides y grillos

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Vides y grillos Aquella noche soñó. Soñó con una casa vacía. Un niño. Las raquetas de tenis de su abuelo, cuando era joven, antes de la guerra, mucho más lejos de su realidad y a dos pasos de la del bisabuelo; vio la tierras y las hojas, las vides, los grillos. En su cabeza hacía tiempo habían dejado de cantar, como ya no cantaban en el campo, sobre la tierra seca y agrietada, bajo el sol de justicia de un mes de julio cualquiera. Cuando era niño, cuando él era niño. Y recordó el olor de las higueras sobre su piel púber, toda vez que de un brinco alcanzaba su copa y se quedaba allí, quieto, a ver si nadie le encontraba ese día, a descubrirse el amo del mundo, de un mundo que ya no existía pero que su memoria le traía como las olas sobre la orilla. Todo esto soñó. Quizás fue por lo que no despertó.

Tempus fugit

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Tempus fugit Me acostumbré a su ausencia. A su presencia vacía, a su infinita esencia dibujando surcos en el aire de la casa. Me acostumbré, como se acostumbran los perros, a dejar caer el cuerpo en la cama y saberla cerca. A las palabras huecas, a los silencios dormidos, a las pocas cosas por recoger y los días que languidecen despiertos. A tantas cosas me acostumbré y a tan pocas tenía hábito que fui dejando para mañana los hoy, y con el paso de las horas se convirtieron en ayeres, y entonces, el abandonado, el ausente, fui yo, pero de la vida, de esta, de la mía, de la presente. Así logró ella arrastrarme de mi presencia a su ausencia, de mi ser a su nada. Ya no soy, o soy por ella. El tiempo lo dirá.

El interruptor

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El interruptor Apagó las luces y salió. Lo había hecho tantas veces antes que no le daba importancia. Rozar el interruptor con los dedos, helados en invierno, calientes en verano. Hoy, en cambio, era otoño. Recordó que las horas corrieron locas en primavera, cuando lo conoció. Entonces, nada comenzó a ser igual a como había sido durante los largos y tediosos cuarenta años anteriores; hasta el sol iluminaba diferente ese aire que había empezado a respirar distinto. Olía, como nunca antes había sentido que oliera. Pero entonces, en primavera, no le dio demasiada importancia. Y ésta fue escondiéndose para dar paso al verano, un verano como jamás tuvo otros. Llegó lleno de besos, caricias, labios, humedad, jadeos,… Ahora, en cambio, recordaba esto en la oscuridad de un cuarto vacío donde apenas llegaban sonidos huecos de la ciudad dormida.

Día de Navidad

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Día de Navidad Cuando el chico abrió los ojos y miró al cielo hacía rato habían caído las últimas estrellas. Tranquilo, las recogió y depositó cada una de ellas sobre el abeto desnudo que le había protegido esa noche. La leyenda acababa de comenzar.
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En ocasiones la vida nos engulle con su ritmo frenético y hasta que la calma no nos aplaca ni nos acordamos de aquello que nos hizo feliz... al menos por un ratito.  ¡Qué tengáis un Feliz ratito!  Esta es la colaboración que hicimos los integrantes de  Quimeras de la pluma ,  grupo de escritura creativa que se reúne periódicamente en el Freaks Arts Bar (Alicante), para el artista Mario Rodríguez Ruiz. E l  26 de mayo los asistentes escribimos diferentes textos libres mientras se visionaban tres obras de la serie  Alteraciones e inspirados en ellas :  Teratoma ,  Más allá de mis muros  y  Reina de Corazones .

Una microhistoria de ríos y renos

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Una pequeña muestra de lo que hacemos los domingos en el Club de escritura Quimeras de la pluma, en el Freaks Arts Bar de Alicante. La premisa para escribir este microrelato era incluir la frase "El río se había bebido el reno", y es una de las propuestas lanzadas al azar a partir de las dos palabras "río y reno". Todo estaba preparado. El pueblo entero se había desplazado hasta el lugar. Una enorme maquinaria de merchandising anunciaba la competición. Cientos de curiosos paseaban viendo las cañas, que esperaban las manos hábiles de los pescadores de truchas. Cuando el juez dio el pistoletazo de salida, y los anzuelos cayeron hacia abajo, se quedaron con caras de póker. El reno se había bebido el río.
Días Quiero destripar los días y sacarle todas sus entrañas, abrir de costado a costado la esencia de sus mañanas; rasgar con la punta afilada cada fibra de sus carnes. Y beber de su sangre hasta que me sacie del todo y hasta que te llenes tú. Compartirla contigo. Eso es lo que quiero. Así te quiero.