Deprisa

Sabía que debía darse prisa. Todo estaba a punto de comenzar: el aire ululaba suave desde que llegaron los primeros halcones; el cielo comenzaba a aclararse después de la negra noche sobre su cabeza; y un discurso, como de un más allá bien cercano, le rozaba en los oídos, susurrándole algo indescriptible. Pero tenía la certeza de estar tan cerca del final como lejos de llegar. Y así, ensilló su caballo, cubrió sus espaldas con la larga capa, y partió al trote, evitando el desfiladero. Tan solo restaba dar con el lugar de la estatua. Después, el sol, con su primer rayo, imprimiría el calor necesario para volver a la vida a aquel convertido en salazón, siempre que él recitara el conjuro. 

    Ciertamente, estaba al final. Cuando llegó, todo era sal.





Comentarios

  1. Oh la Edad Media! Mi abuelo nos contaba esos Cuentos de final Feliz, casi todos👏🌴👏

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