Es Navidad y los árboles morirán, extirpados de su tierra, por la mano avara y cautiva del hombre; y serán felices los hombres, no los árboles, al falso abrigo de cepellones muertos. Después, cuando todo acabe y llegue la rutina de los días eternos, lloverán agujitas en zaguanes y se amontonarán los fallecidos sin savia ni clorofila en basureros y terrazas. Es Navidad y muchas tiendas abrirán, abarrotadas de artefactos inútiles, abalorios, cacharros de toda índole, creados bajo el solo propósito de adornar los días señalados. Luego, cuando todo termine, serán basura, o irán a sumarse a los incontables cachivaches que alumbraron nuestros escuetos días de navidades pasadas, en el desván de las cosas olvidadas. Es Navidad y multiplicaremos las viandas, exageraremos los platos, las cantidades, los comensales, las jarras, las botellas y las copas, de la misma forma que engrandeceremos nuestras (¿falsas?) sonrisas, alegrías, fingimientos y mentiras. Se trata de participar e...
Me ha encantado:
ResponderEliminarA mí las damas voladoras son las que más me atraen
y además ¡No muere nadie!
(claro, que hay un abandono, pero eso a veces es positivo)
Muchas gracias Vicente! Me alegro de que te haya gustado.
ResponderEliminar