PAPEL PINTADO
La mañana que Pepito Simón cogió los bártulos y se marchó de allí, había empezado a chispear. Pero él estaba decidido, desde hacía mucho tiempo atrás, a salir de aquel lugar, fuera como fuera. Y la lluvia contenía la capacidad de hacerle saltar para siempre. Nadie lo hubiera imaginado, pues a todos parecía que su sitio en el mundo era ese, y nada podría hacer trasladándose a otro rincón. Ya no le importaba el que dijeran unos y otros; ahora prefería pensar en sí mismo.
Labrarse un futuro, cuando tienes un pasado, sobre todo esto, es algo harto difícil, pero Pepito se lo propuso. Cortar por lo sano era, en esencia, su misión esa mañana… como así logró hacer.
Debía poner toda su astucia al servicio del objetivo. Y así, ideó un plan. Aprovechó la lluvia, que empapó poco a poco todo el lugar, hasta convertirlo en una masa blandita y dúctil, que se rasgaba y desprendía con el solo roce de las manos. Ahora sí, ¡por fin!, era libre. Pepito Simón agarró con fuerza la copa, en una mano, y a la chica que tenía a su izquierda, con la otra, y dejó que lo llevara la corriente. Cuando sus vecinos se dieron cuenta, el galán del anuncio de ron no era más que papel mojado navegando rambla abajo.

(Relato inspirado en Wallscapes de Carlos Balsalobre).

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